Robert Mugabe, presidente por largo tiempo de Zimbabue muere a los 95 años

por Bill Van Auken
9 septiembre 2019

Robert Mugabe, el primer líder electo de Zimbabue que gobernó el país durante casi cuatro décadas, murió el viernes a la edad de 95 años. Su muerte fue reportada desde Singapur, donde había acudido para recibir tratamiento médico.

Mugabe fue el último líder sobreviviente de las luchas anticoloniales de África que posteriormente llegó al poder en una nación recientemente independizada. Como aquellos que ya fallecieron (Nkrumah de Ghana, Sékou Touré de Guinea, Kenyatta de Kenia, Nyerere de Tanzania, Machel de Mozambique y Mandela de Sudáfrica), el Gobierno de Mugabe expuso la incapacidad orgánica de los nacionalistas burgueses de África para cumplir con las aspiraciones de las masas africanas de libertad de la dominación extranjera, democracia y justicia social.

Robert Mugabe

Hubo respuestas encontradas a la muerte de Mugabe, quien fue derrocado del poder en un golpe de Estado en noviembre de 2017 dirigido por su antiguo aliado Emmerson Mnangagwa y el ejército. Washington y Londres emitieron declaraciones que expresaron sus condolencias personales a quienes estaban de luto por el expresidente, mientras que el Departamento de Estado denunció que "sus abusos a los derechos humanos y su mala gestión económica empobrecieron a millones y traicionaron las esperanzas de su pueblo para su nación", y la Cancillería británica declaró que "Los zimbabuenses sufrieron durante demasiado tiempo como resultado del Gobierno autocrático de Mugabe".

Uno nunca adivinaría que Henry Kissinger fue uno de los que promovió el ascenso al poder de Mugabe, que fue aclamado por Washington, o que el Reino Unido desempeñó un papel similar al otorgarle un título de caballero honorario en 1994. Tampoco se sospecharía que el brutal régimen de sanciones impuesto por ambas potencias imperialistas exacerbó las condiciones de los "millones empobrecidos".

Varios jefes de Estado africanos rindieron homenaje a la memoria de Mugabe. El presidente Uhuru Kenyatta, hijo del líder de liberación de Kenia y primer presidente, cuyo patrimonio estimado es de $500 millones, ordenó que se enarbolaran las banderas a media asta durante tres días y aclamó al expresidente de Zimbabue como "una encarnación del espíritu panafricano" que insistió en que "los problemas africanos requerían soluciones africanas".

De manera similar, el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, el exlíder sindical convertido en ejecutivo corporativo cuya riqueza personal se estima en $550 millones, lamentó "el fallecimiento de un luchador por la liberación y defensor de la causa africana contra el colonialismo".

Reconocen a Mugabe como uno de los suyos, una colección de jefes de Estado corruptos que se han enriquecido a expensas de las masas de trabajadores africanos y oprimidos sometidos a opresión y pobreza extremas.

Cuando Mugabe fue derrocado, se le permitió mantener todos sus intereses comerciales y se le otorgó un pago de $ 10 millones. Un cable diplomático estadounidense de 2001 publicado por WikiLeaks estimó los activos totales de Mugabe en $1,75 mil millones, la mayoría invertidos fuera de Zimbabue.

Mugabe terminó su vida lejos de donde comenzó. Era un joven maestro de una familia pobre. A fines de la década de 1940, después de obtener una beca para la Universidad de Fort Hare en la Provincia Oriental del Cabo, Sudáfrica, entró en contacto con el Congreso Nacional Africano, al que se unió, y con miembros del Partido Comunista de Sudáfrica, que lo introdujeron al marxismo. Más tarde diría que su mayor influencia no fue Marx, sino Gandhi.

A fines de la década de 1950, se mudó a Ghana, uno de los primeros Estados independientes de África, donde asistió al Instituto Ideológico Kwame Nkrumah en Winneba. Volviendo a lo que entonces era la colonia británica de Rodesia, se unió al movimiento nacionalista africano anticolonialista que se estaba formando allí. El crecimiento de los sentimientos nacionalistas y las demandas de igualdad entre la población de mayoría negra estuvo acompañado por una creciente oposición entre la élite gobernante blanca al proceso de descolonización británica. Para 1965, Rodesia emitiría su Declaración de Independencia Unilateral del Reino Unido en un intento por prevenir un Gobierno de la mayoría negra.

En 1963, se fundó la Unión Nacional Africana de Zimbabue (ZANU, todas las siglas en inglés), con Mugabe como su secretario general. Contra los líderes nacionalistas más conservadores que abogaban por la creación de un Gobierno en el exilio, Mugabe pidió una resistencia armada al colonialismo británico y al Gobierno de la minoría blanca. ZANU sería prohibido poco después y Mugabe fue arrestado el mismo año. Permaneció encarcelado hasta 1974.

Para cuando Mugabe salió de prisión, ya se estaba librando una guerra de guerrillas desde campamentos ubicados primero en Tanzania y Zambia, y luego, después del colapso del colonialismo portugués, en Mozambique.

Las operaciones armadas estaban siendo dirigidas por un grupo de jóvenes comandantes conocidos como vashindi o movimiento de trabajadores, que buscaban unir a las fuerzas militares de ZANU, que tenían su base entre la mayoría de la gente shona, y los de la Unión Popular Africana de Zimbabue (ZAPU) liderada por Joshua Nkomo, basado en el pueblo minoritario ndebele. La facción vashindi también había organizado escuelas que enseñaban a los combatientes un marxismo rudimentario.

A principios de 1977, Mugabe pudo convencer a Samora Machel, presidente de Mozambique, de reunir y encarcelar a los líderes vashindi, que fueron liberados después de la elección de Mugabe como primer ministro de Zimbabue en 1980. Percibía esta tendencia como un obstáculo intolerable para su propio liderazgo, tanto por sus intentos de unirse a través de las líneas étnicas como su oposición a la participación de Mugabe en una conferencia de 1976 organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores británico en Ginebra con el apoyo decisivo de Kissinger, entonces secretario de Estado de los Estados Unidos.

Los contactos de Mugabe con las principales potencias imperialistas culminaron en las negociaciones de la Casa Lancaster convocadas por el Gobierno británico. Mantenidas bajo el control de lord Carrington, estas conversaciones iniciaron en septiembre de 1979 después de que él y Nkomo, luego de que se unieran ZANU y ZAPU en el Frente Patriótico, pusieron fin a la lucha armada.

Al final, aceptaron un acuerdo dictado por el Gobierno británico de derecha de Margaret Thatcher. Este acuerdo reaccionario reservó un bloque de escaños parlamentarios para la minoría blanca, garantizó la base capitalista continua de la economía de Rhodesia, pospuso cualquier reforma agraria significativa durante una década y aseguró el estado no alineado de Zimbabue, así como su coexistencia pacífica con el apartheid de Sudáfrica.

Lord Carrington más tarde comentaría que, si bien Mugabe utilizó una retórica marxista durante las negociaciones de la Casa Lancaster, "por supuesto, en realidad no practicó lo que predicó, ¿verdad? Una vez en el cargo se convirtió en capitalista".

Por lo tanto, Mugabe y su partido, renombrado ZANU-PF, llegaron al poder a través de una elección en 1980, después de garantizar los intereses de las corporaciones internacionales que dominaban los sectores clave de la minería y la agricultura, así como los de los terratenientes blancos.

Si bien inicialmente incluyeron a Nkomo y otros líderes de ZAPU en su gabinete, posteriormente fueron retirados del Gobierno en medio de crecientes tensiones entre ZANU-PF y ZAPU. A principios de 1983, esto culminó con la invasión de Matabeleland, el bastión de ZAPU, donde una brigada que respondía solo a Mugabe llevó a cabo ejecuciones masivas, torturas y el bloqueo de los suministros de alimentos que condujeron a una hambruna masiva. Las estimaciones del número de muertos oscilaron en torno a los 20.000 y superaron considerablemente el número de muertos durante toda la guerra contra el Gobierno de la minoría blanca.

Ni los Estados Unidos ni el Gobierno británico, que luego vilipendiarían a Mugabe, protestaron por la matanza en Matabeleland. Vieron a ZANU-PF, que había establecido relaciones cercanas con China, como el mal menor en comparación con ZAPU, que tenía relaciones con la Unión Soviética.

El Gobierno de Mugabe, mientras consolidaba un régimen represivo, pudo introducir medidas de bienestar junto con reformas de salud y educación en la década de 1980 en condiciones en que la economía estaba creciendo y el nuevo Gobierno podía obtener un trato favorable de las potencias occidentales, las cuales estaban decididas a evitar que el país recién independizado se alineara con Moscú.

Sin embargo, después de la disolución de la Unión Soviética por parte de la burocracia estalinista de Moscú en 1991, Washington, Londres y la Unión Europea no vieron la necesidad de continuar las concesiones a Zimbabue.

Las reformas sociales del régimen de Mugabe, así como sus redes de mecenazgo y nepotismo, fueron vistas cada vez más como frenos intolerables a los intereses lucrativos del capital internacional. A lo largo de la década de 1990, el Fondo Monetario Internacional cortó los fondos y exigió la apertura de Zimbabue a la inversión extranjera, la privatización y niveles cada vez mayores de explotación como parte de los Programas de Ajuste Estructural acordados por Mugabe.

Esto llevó a disturbios sociales, incluidas huelgas generales entre 1997 y 1999. Sin embargo, la Confederación de Sindicatos de Zimbabue (ZCTU) se opuso a Mugabe por la derecha, formando una alianza con los empresarios y productores agrícolas blancos del Movimiento por el Cambio Democrático (MDC) en 2000, que se comprometió a "privatizar y restaurar la confianza empresarial".

En lugar de enfrentar el asalto emprendido por los intereses capitalistas tanto nacionales como extranjeros, Mugabe buscó colocar la carga de la creciente crisis económica sobre las espaldas de la clase trabajadora en los centros urbanos, al tiempo que fomentaba demagógicamente las incautaciones limitadas de granjas de propiedad blanca para congraciarse con los exsoldados descontentos de la lucha de liberación, así como la base de apoyo abrumadoramente rural de ZANU-PF. Declararía: "Nuestras raíces están en la tierra y no en las fábricas".

Sin embargo, las incautaciones de tierras solo sirvieron para profundizar la pobreza tanto de la clase trabajadora como de la población rural pobre. Sin un plan centralizado para el desarrollo de la agricultura a lo largo de líneas colectivas, dividió grandes y productivas fincas de agronegocios en pequeñas granjas de subsistencia incapaces de abastecer los mercados internos, y mucho menos producir ingresos de exportación.

Las incautaciones de tierras, el fracaso de Mugabe de cumplir con las demandas del FMI y la represión del Gobierno contra la oposición proimperialista del MDC llevaron a un giro brusco de las principales potencias imperialistas contra Zimbabue y la imposición de sanciones punitivas en 2002 y 2008. En este último año, el Gobierno británico despojó a Mugabe de su título de caballero.

Durante este período, las potencias occidentales descubrieron de repente que Mugabe era un autócrata y lo denunciaron por su Gobierno dictatorial. Como siempre es el caso, esto solo se convierte en un problema con los Gobiernos que no siguen los dictados de Occidente, mientras que otros regímenes, desde Arabia Saudita hasta Uganda, reciben una excepción pese a sus crímenes iguales o mayores.

La realidad es que estos métodos de gobierno no son producto de individuos "malvados", sino más bien de la posición objetiva de los regímenes nacionalistas burgueses en los antiguos países coloniales, atrapados entre las presiones del imperialismo mundial, por un lado, y los revolucionarios esfuerzos de la clase obrera y las masas oprimidas, por el otro. Son incapaces de cualquier acción genuinamente independiente.

Ante las sanciones, Mugabe anunció una "política de mirar hacia el este", que buscaba reemplazar las inversiones occidentales con las de Rusia y particularmente de China. Sin embargo, esta maniobra de ninguna manera transformó la posición subordinada de Zimbabue en relación con el mercado capitalista mundial, con la economía que continúa colapsando y el déficit comercial del país sigue aumentando.

Al mismo tiempo, en un intento por consolidar su apoyo entre los ZANU-PF, Mugabe introdujo una política de "indigenización", que supuestamente obligaría a todas las empresas valoradas en más de $ 500,000 a tener el 51 por ciento de propiedad de Zimbabue. Esta política, que solo podría haber beneficiado a Mugabe y sus ricos amigos, creó fricciones con los inversores extranjeros del país, incluido Beijing.

Mnangagwa, uno de los socios políticos más cercanos de Mugabe desde la década de 1950 y el hombre encargado de ejecutar las masacres en Matabeleland, pidió junto al ejército la aprobación de Beijing para un golpe de Estado contra Mugabe, haciendo promesas de políticas de inversión y comercio más liberales que también fueron extendidas a los capitalistas occidentales. Como diría Mnangagwa después del golpe, "Zimbabue está abierto a los negocios".

Mnangagwa, elogiado como reformista después de derrocar a Mugabe, poco tiempo después de tomar el poder enviaría tropas para masacrar a manifestantes y detener a miles, mientras la clase trabajadora y los pobres seguían protestando por las condiciones de 200 por ciento de inflación y desempleo masivo.

El destino de Mugabe, de una forma u otra, fue compartido por todos los líderes nacionalistas burgueses y los Estados que surgieron en el período de descolonización que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Mientras que muchos, como él, mostraron un coraje considerable mientras sufrían encarcelamiento, tortura y represión, demostraron ser incapaces de establecer una independencia genuina del imperialismo, crear formas de gobierno genuinamente democráticas y cumplir las aspiraciones sociales de las masas oprimidas. En cambio, tomaron control para ellos mismos y una nueva capa burguesa de las estructuras estatales dejadas por el colonialismo, usándolas para suprimir los desafíos revolucionarios desde abajo.

Estas amargas experiencias confirmaron negativamente la Teoría de la revolución permanente sostenida por el gran revolucionario ruso León Trotsky, y la Cuarta Internacional que fundó en 1938. Explicó que, en los países coloniales y oprimidos, solo una lucha por el poder por parte de la clase trabajadora podría avanzar en la lucha contra el imperialismo y garantizar una verdadera liberación nacional y derechos democráticos y sociales para los trabajadores y las masas oprimidas. Esta revolución es permanente en el sentido de que la clase trabajadora, habiendo tomado el poder, no podía limitarse a tareas democráticas y se vería obligada a llevar a cabo medidas de carácter socialista. Al mismo tiempo, la revolución es permanente en un segundo sentido, ya que solo pudo lograr la victoria en la medida en que se extienda en una lucha unificada de la clase obrera internacional por la revolución socialista mundial.

En Zimbabue y en cualquier otro país de África, esto significa que la clase obrera debe mantener la independencia política de todos los representantes de la burguesía nacional y los poderes imperialistas, así como de las federaciones sindicales que los respaldan. Los trabajadores y jóvenes avanzados deben comenzar a construir secciones del Comité Internacional de la Cuarta Internacional para luchar por un Zimbabue socialista y los Estados Unidos Socialistas de África, y para forjar un movimiento unificado de socialismo con trabajadores en los Estados Unidos, Reino Unido y otros Estados imperialistas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 7 de septiembre de 2019)