El legado de Syriza: cuatro años de austeridad, privatizaciones, militarismo y ataques a refugiados—Primera parte

por Katerina Selin
13 septiembre 2019

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El 7 de julio, el Gobierno griego liderado por la "Coalición de la Izquierda Radical" (Syriza) perdió el poder. En su perspectiva del 10 de julio, el World Socialist Web Site describió el reinado de cuatro años de Syriza como una "experiencia estratégica para la clase obrera griega e internacional". El partido pseudoizquierdista, que antes de su elección en enero de 2015 hizo campaña con una plataforma de promesas de poner fin a los dictados de austeridad de la Unión Europea (UE), quedó expuesto como una fuerza esencialmente burguesa que procedió tan cruelmente contra los trabajadores y los refugiados como lo hicieron el PASOK socialdemócrata y los conservadores derechistas de Nea Dimokratia (Nueva Democracia, ND) antes de ellos.

El primer ministro Tsipras de Syriza al lado del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker el 13 de marzo de 2015 en Bruselas. Crédito: Alexis Tsipras Prime Minister of Greece

La intención de este artículo es describir lo que los cuatro años de la política del Gobierno de Syriza significaron concretamente para los trabajadores, jóvenes y jubilados en Grecia. La "traición" de Syriza, que allanó el camino para el regreso de ND al poder, no fue un error. Al igual que sus partidos hermanos europeos, entre otros el partido La Izquierda en Alemania y Podemos en España, Syriza tiene sus raíces en la pequeña burguesía adinerada, la cual es esencialmente hostil a los intereses políticos de la clase trabajadora.

Paquetes de austeridad del tercer memorándum

El líder de Syriza, Alexis Tsipras, necesitó menos de medio año para lanzar por la borda todas las promesas por las que fue elegido en enero de 2015. Desafió la abrumadora oposición de la población a las demandas de austeridad de la UE, que se expresó más claramente en el referéndum griego del 5 de julio de ese año, y se inclinó sin reservas ante las demandas de los acreedores de Grecia, la llamada Troika de la Comisión Europea, El Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, aceptando el tercer "Memorando de Entendimiento" que entró en vigor el 20 de agosto. Proporcionó pagos de préstamos por un total de €86 mil millones, que Grecia recibiría en tramos individuales si cumpliera con las "reformas requeridas" y recortes presupuestarios.

Después de su reelección el 20 de septiembre de 2015, con una participación de votantes históricamente baja de 56,6 por ciento, Syriza nuevamente forjó una coalición con los Griegos Independientes (Anel) de extrema derecha.

El Gobierno se comprometió a continuar la explotación rigurosa de la clase trabajadora para llenar las carteras de los bancos y corporaciones. De los créditos del memorando con intereses, eufemísticamente llamados "programas de socorro" y "programas de rescate", entre 2011 y 2015, menos del 5 por ciento (€10,6 mil millones) fue para el presupuesto estatal griego.

La mayor parte del dinero se desembolsó como pagos de intereses, reembolso de la deuda, reestructuración de la deuda y financiamiento de incentivos para inversores privados. Los acreedores lucraron generosamente. Solo Alemania cobró €2,9 mil millones en intereses bajo los memorandos.

Como parte del tercer memorando, entre 2015 y 2019, al menos siete paquetes integrales de austeridad han sido aprobados apresuradamente en el Parlamento. Según la Comisión de la UE, el Gobierno de Tsipras implementó al menos 450 medidas individuales, incluyendo innumerables recortes en las pensiones, reducciones de salarios, despidos, aumentos de impuestos y recortes presupuestarios en todos los sectores de bienestar público, educación y salud. El WSWS ha informado regularmente sobre estas medidas (incluyendo mayo de 2016, junio de 2017, así como enero y junio de 2018). Estas medidas incluyen:

* el aumento del impuesto al valor agregado (IVA) al 24 por ciento y la abolición de la devolución del IVA para las islas;

* elevar la edad de jubilación a 67 años para 2021, así como la reducción de la jubilación anticipada;

* reducciones masivas en los beneficios de jubilación y la abolición gradual de las pensiones complementarias (EKAS);

* reducción de los beneficios sociales;

* reducción de la asignación libre de impuestos de €8.600 a un máximo de €6.600 por año;

* la aplicación de la Directiva bancaria de la UE, en particular la resolución de los bancos insolventes;

* el aumento de numerosos impuestos y aranceles (incluidos combustible, alcohol, cigarrillos, café, internet y teléfonos fijos, así como televisión de pago);

* el aumento del odiado impuesto ENFIA, un impuesto a la tierra y los bienes raíces, cuya abolición había exigido Syriza antes de ser elegido porque afectaba a tantas familias trabajadoras que poseen una casa o un pequeño departamento;

* la facilitación de la venta de medicamentos en beneficio de las compañías farmacéuticas;

* una restricción del derecho de huelga;

* la introducción de los llamados "koftis", un compromiso de recortes automáticos y "ajustes presupuestarios" si no se cumplen los objetivos de ahorro;

* la implementación y preparación de numerosas privatizaciones.

Los recortes a las pensiones incitaron una resistencia particularmente fuerte. La policía reprimió brutalmente a los pensionistas que protestaban y fue tan lejos como para usar gases lacrimógenos contra ellos. El intento de Syriza esta primavera de hacer campaña entre los jubilados provocó indignación cuando un cínico video promocional no mencionó los recortes de pensiones bajo Tsipras y celebró supuestos desarrollos positivos en la política de pensiones.

De hecho, Syriza ha implementado al menos 15 recortes de pensiones y ha aumentado el gasto en salud de los pensionados. Es común que una pensión sea el único ingreso estable que tiene una familia. Según un estudio de la Federación Helénica de Trabajadores, Artesanos y Comerciantes Calificados (GSEVEE) de 2018, el 51 por ciento de los hogares depende de las pensiones.

Syriza desmoralizó y reprimió una amplia oposición a la austeridad dictada no solo con la violencia policial sino también con un ataque directo al derecho de huelga. A principios de 2018, miles de trabajadores protestaron contra las restricciones draconianas a los derechos de los huelguistas, que se aprobaron el 15 de enero.

Según las nuevas reglas, las huelgas futuras solo serán legales si al menos la mitad de los miembros que pagan cuotas sindicales participan en la votación y la mayoría vota para dejar su trabajo. Antes, era suficiente que solo un tercio de los miembros participara, en algunos casos, incluso solo una cuarta parte. La ley de huelga existente hasta la fecha se redactó en 1982, después del derrocamiento de la junta militar.

Privatizaciones bajo Syriza

En 2016, el Parlamento fundó el "Superfondo", una agencia de privatización, controlada en gran medida por la Unión Europea (UE). El Superfondo (Compañía Helénica de Activos y Participaciones) permanecerá en funcionamiento durante 99 años y fusionará varias compañías filiales, incluida la agencia de privatización TAIPED. La mitad de las ganancias se destinan al pago de deudas, la otra mitad al desarrollo de la economía.

Syriza ha completado varios proyectos importantes:

Después de que la UE, con el Gobierno alemán a la cabeza, exprimiera a la población griega y llevara la economía al borde, las compañías extranjeras olieron sangre. Entre ellas se encontraba la compañía alemana de transporte aéreo Fraport AG. El 14 de diciembre de 2015, esta compañía concluyó la compra de 14 aeropuertos regionales lucrativos ubicados principalmente en islas turísticas populares como Rodas, Mykonos, Santorini y Corfú. La posesión de estos activos se transfirió en abril de 2017.

La compañía, con sede en Frankfurt y que es parcialmente propiedad del estado de Hesse, pagó el precio reducido de €1,23 mil millones por 40 años de derechos de tráfico aéreo, más €23 millones anuales en tarifas de arrendamiento. Además, Fraport prometió €330 millones en inversión en infraestructura. El Estado griego, y como tal la clase obrera griega, asumió innumerables costos y riesgos.

Según el contrato de venta, la revista financiera alemana WirtschaftsWoche informó en noviembre de 2016 que Fraport no estaba obligado a hacerse cargo del personal del aeropuerto. En el caso de pagos por despido o lesiones en lugares de trabajo, el Estado griego debe pagar la factura. En muchos otros casos, Fraport tiene derecho a una compensación del Estado: por cancelaciones de vuelos por razones técnicas o por huelgas, por mayores costos operativos debido a cambios en la legislación y por las reparaciones o el reemplazo de aeronaves viejas. Más allá de eso, el grupo está exento de muchos impuestos, como bienes raíces, saneamiento, eliminación de basura e iluminación.

Apenas unos meses después de la firma del acuerdo, Fraport obtuvo una ganancia significativa: según Handelsblatt, la nueva filial Fraport Grecia aumentó su ganancia operativa en 106 millones de euros solo en 2017, aproximadamente una octava parte de la ganancia total de la compañía de 808 millones de euros. Como resultado, Fraport pudo aumentar los pagos a sus accionistas en un 45 por ciento. Al mismo tiempo, la compañía solicitó al Gobierno griego que pague 70 millones de euros en compensación por presuntas deficiencias en los aeropuertos.

Más allá de Fraport, otras empresas alemanas se beneficiaron de la privatización. En 2017, el Puerto de Salónica fue arrendado a un grupo de inversores internacionales bajo el liderazgo de German Invest Equity Partners GmbH. Actualmente hay 120 empresas alemanas ubicadas en Grecia. Según la oficina de estadísticas griega, Alemania era el mayor socio comercial de Grecia.

El 10 de agosto de 2016, se concluyó otro proyecto de privatización preparado desde hace mucho tiempo: el Puerto del Pireo. La compañía naviera china Cosco, que había alquilado una gran parte del puerto de contenedores desde 2009, compró el 51 por ciento de los derechos de concesión para la Autoridad Portuaria del Pireo (OLP). Dentro de cinco años, Cosco recibirá otro 16 por ciento si realiza la inversión acordada de más de 350 millones de euros. Cosco es conocido por su explotación de los trabajadores portuarios, con accidentes laborales y turnos de 15 horas habituales.

En diciembre de 2017 se vendió la compañía ferroviaria estatal Trainose, que tenía un déficit de 700 millones de euros. Syriza canceló la deuda antes de vender el negocio estatal por 45 millones de euros a la ferroviaria italiana Ferrovie Dello Stato Italiane.

En diciembre de 2018, el 66 por ciento de la compañía estatal de gas natural DESFA fue vendida al conglomerado Senfluga. Numerosas propiedades públicas adicionales se vendieron bajo los auspicios de Syriza, entre otras, la propiedad del aeropuerto Elliniko en el sur de Atenas, donde está previsto construir un barrio de lujo; Muchas playas, fincas, marinas y edificios históricos como el mercado Modiano en Salónica. Este último fue construido en 1925 y fue publicitado por TAIPED en 2017 como "uno de los edificios más importantes del período de entreguerras y el mercado de conservas más grande del centro histórico de Salónica" y vendido. También están programados para la venta el aeropuerto de Atenas, la autopista interestatal Egnatia Odos y las obras hidráulicas de Atenas y Salónica.

El politólogo Egbert Scheunemann enfatizó en su estudio "Las empresas estatales de Grecia vendidas a la fuerza", publicado a finales de 2016, que casi todas las empresas privatizadas hasta la fecha se habían vendido por debajo del precio de mercado, representaban fuentes rentables de ingresos estatales y eran monopolios naturales para los cuales no existía competencia. Además, muchos de los procedimientos de privatización fueron notablemente sospechosos.

Consecuencias sociales

El 20 de agosto de 2018, Grecia salió oficialmente del llamado "Programa de Rescate" de la Troika. Syriza celebró este día como el "fin de la crisis", aunque los dictados de la austeridad continuarán durante décadas. Como tal, Grecia está comprometida con los presupuestos de superávit primario hasta 2060 y permanece bajo la estricta supervisión de los acreedores.

Las consecuencias catastróficas de las políticas de austeridad y privatización bajo Syriza, y los Gobiernos anteriores y posteriores, se extienden a todos los sectores de la sociedad. Apenas un mes antes del supuesto "fin de la crisis", los catastróficos incendios forestales en la región vacacional de Mati hicieron una asombrosa demostración de las consecuencias mortales de los cortes masivos en la infraestructura pública,

En alrededor del 18 por ciento, el desempleo sigue en niveles récord. Según las estadísticas de ELSTAT, más de 30 por ciento de los jóvenes de 15 a 24 años y de 25 a 34 años estaban desempleados en abril de este año. Syriza se ha jactado de que el número de empleados ha aumentado durante su mandato. De hecho, sin embargo, Syriza creó la mayoría de estos puestos al hacer que el mercado laboral sea más "flexible" y expandir las condiciones de trabajo inseguras.

Según el Instituto Griego de Economía KEPE, menos de la mitad de las nuevas contrataciones el año pasado fueron empleos a tiempo completo (solo el 45,7 por ciento). El resto consiste en trabajos a tiempo parcial (41,7 por ciento) y contratos de trabajo por turnos (12,7 por ciento). KEPE señaló que esto extiende y solidifica la tendencia a partir de 2017. Además, el número de puestos que se transformaron de tiempo completo a tiempo parcial aumentó significativamente.

El Índice de Justicia Social publicado en 2017 por la Fundación Bertelsmann colocó a Grecia con un puntaje de 3,7, en el último lugar entre los países de la UE. Más de un tercio de la población está amenazada por la pobreza y las dificultades sociales.

Los efectos del declive social también se reflejan en la demografía: según ELSTAT, la tasa de mortalidad volvió a aumentar un 4,8 por ciento entre 2016 y 2017, mientras que la tasa de natalidad disminuyó un 4,7 por ciento en el mismo período. Además, desde 2010, más de 360.000 griegos han emigrado, como informó KEPE en 2018, las razones principales son la falta de perspectivas, los bajos salarios y el alto desempleo.

Mientras los trabajadores decepcionados y furiosos en las últimas elecciones le dieron la espalda a Syriza, sus lacayos financistas internacionales lloraron sinceramente. Die Welt opinó que Tsipras se había "transformado en un estadista respetado" y había "cumplido". La canciller Angela Merkel, que había viajado a Atenas antes de las elecciones para apoyar al primer ministro de Syriza, "podría añorar la época de Tsipras en algún momento", según Die Welt .

El Financial Times escribió abiertamente a fines de junio sobre los beneficios que Syriza había brindado a la oligarquía financiera. En primer lugar, mejoró las condiciones para los inversores y, en segundo lugar, mantuvo la oposición social bajo control. En palabras del FT: “Al igual que con la experiencia de Gerhard Schroeder en Alemania y Tony Blair en el Reino Unido, tiende a ser más fácil para los Gobiernos de centroizquierda aprueben una legislación estricta. Del mismo modo, Tsipras ha logrado aprobar medidas duras prácticamente sin disturbios sociales en los últimos años. Este no habría sido el caso bajo ningún Gobierno a la derecha del centro".

Continuará

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(Artículo publicado originalmente en inglés el 11 de septiembre de 2019)