Huelga nacional sacude al gobierno derechista de Colombia

por Evan Blake
25 noviembre 2019

Con el lanzamiento de una huelga nacional el jueves, cientos de miles de trabajadores colombianos se unieron al estallido de la lucha de clases que ha estado sacudiendo a Latinoamérica desde hace varios meses. Después de las manifestaciones de masas y las huelgas en Chile, el estallido de las protestas sociales en Ecuador y la resistencia de los trabajadores y campesinos de Bolivia al golpe militar derechista respaldado por los EEUU, los trabajadores colombianos han paralizado la cuarta mayor economía de América Latina.

Aunque es difícil determinar exactamente el tamaño de las multitudes, las estimaciones van de 200.000 a más de 1.000.000 de personas en todo el país. Más de 100.000 personas marcharon bajo la lluvia por la capital Bogotá, llenando las calles y cerrando 130 paradas de autobús Transmilenio. Por lo menos 20.000 personas marcharon en Cali, y decenas de miles más participaron en más de 100 ciudades y pueblos en toda Colombia. Protestas de solidaridad tuvieron lugar en varias ciudades del mundo, como en París, Londres, Buenos Aires, Múnich, Nueva York, Sydney, Madrid, Miami y San Francisco.

Miles de personas protestando en Bogotá (fuente: Dylan Baddour, Twitter)

Muchas organizaciones participaron en la huelga, principalmente los diferentes sindicatos, grupos por los derechos de los indígenas y organizaciones estudiantiles. En todas las grandes ciudades, los manifestantes bloquearon el transporte público en diversos grados, paralizando grandes sectores del transporte por todo el país.

Miles de manifestantes llenaron la Plaza Bolívar de Bogotá, la principal plaza de la capital. Haciendo referencia a la violencia desatada contra los manifestantes en Chile, donde cientos de personas han perdido un ojo por disparo de balas de goma, una gran pancarta extendida a lo largo de un lago de la plaza decía, “¿Cuántos ojos nos va a costar abrírselos a ellos?”.

Subrayando la importancia de la huelga, Oren Barack de Alliance Global Partners de Nueva York, que posee deuda soberana y corporativa colombiana, le dijo a Bloomberg, “Lo estoy siguiendo muy de cerca. El gobierno tiene algo por lo que estar nervioso”.

Aunque las protestas han sido abrumadoramente pacíficas, choques menores entre manifestantes y unidades del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) tuvieron lugar en algunas grandes ciudades durante el día, llevando al arresto de diez manifestantes hacia el mediodía. Altercados en Bogotá y la ciudad occidental de Cali dejaron a siete manifestantes y 28 policías heridos, lo que motivó la imposición de un toque de queda a las 7 de la tarde en Cali. Mientras se escriben estas líneas, algunos enfrentamientos han estallado entre la policía y los manifestantes desafiando el toque de queda.

A pesar de esfuerzos por parte de los manifestantes por mantener pacífica la manifestación, tuvo lugar un enfrentamiento durante la tarde entre manifestantes y el ESMAD en la Plaza Bolívar de Bogotá, motivando que la policía militarizada antidisturbios disparara gases lacrimógenos para dispersar a la multitud.

Enfrentamientos en Bogotá por la noche (fuente: Dylan Baddour, Twitter)

Durante la tarde, miles de personas se volcaron a las calles haciendo caceroladas —haciendo ruido con cacerolas y sartenes— en Medellín y Bogotá, protestando contra la violencia policial.

En los días previos a la huelga, el Estado colombiano movilizó su vasto aparato policial y militar, el segundo más grande de la región después del de Brasil. El comandante de las fuerzas armadas colombianas, el general Luis Fernando Navarro, ordenó el acuartelamiento de todos los 293.200 soldados del país el lunes y por toda la duración de la huelga nacional, ordenándoles estar “en estado de máxima alerta”. Ocho mil soldados fueron desplegados a Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, Pereira y Pasto.

Además, 10.000 policías locales fueron desplegados en Bogotá y 7.000 en Medellín, la segunda ciudad más grande de Colombia, y miles más en otras ciudades. El presidente Iván Duque aprobó un decreto que permite a las autoridades locales imponer toques de queda y prohibir ir armado y consumir alcohol.

En un esfuerzo por alentar la xenofobia, el gobierno deportó a 24 ciudadanos venezolanos, así como a ciudadanos españoles y chilenos, a quienes acusó de “afectar el orden público y la seguridad nacional”. Además, Duque ordenó el cierre de las fronteras de Colombia desde la medianoche del miércoles hasta las cinco de la tarde del viernes.

"Necesitamos un gobierno que luche contra la pobreza, no contra los pobres” (fuente: Dylan Baddour, Twitter)

La Policía Nacional hizo 27 redadas en Bogotá el martes por la mañana, buscando en las oficinas y casas de líderes de organizaciones implicadas en la huelga. En un discurso televisado a todo el país el miércoles, Duque advirtió de que su gobierno “garantizará el orden y los defenderá a ustedes con todas las herramientas que nos proporciona la constitución”.

El impulso objetivo subyacente para la huelga nacional es la profunda desigualdad económica que impregna la sociedad colombiana. Con tres multimillonarios que poseen más riqueza que el diez por ciento de abajo de la población, Colombia se sitúa entre los países más desiguales de América Latina, la región más desigual del mundo. El desempleo ha subido bajo la administración de Duque, al perder el trabajo más de 600.000 personas solo el año pasado.

Las políticas derechistas de la administración de Duque, que ha sido un diligente sirviente de la burguesía colombiana y del capital extranjero desde que llegara al poder en agosto de 2018, ha empeorado esta situación y ha creado una inmensa hostilidad hacia la configuración política existente. Las encuestas de opinión más recientes antes de la huelga mostraban la tasa de aprobación de Duque en un escaso 26 por ciento.

Duque ha violado casi todos los estatutos de los acuerdos de paz fraudulentos de 2016 negociados con el movimiento guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y ha tildado de simpatizante de la guerrilla a cualquiera que apoyara los acuerdos de paz. Duque ha llevado adelante esta campaña en alianza con su mentor, el expresidente Álvaro Uribe, quien durante su gobierno de 2002 a 2010 expandió enormemente el ejército y se basó en los escuadrones de la muerte paramilitares para librar la guerra contra las FARC.

Bajo Duque, cientos de civiles inocentes, y en particular indígenas, han sido asesinados. Solo en octubre, cinco dirigentes indígenas fueron asesinados en Cauca, mientras que más de 700 líderes indígenas y organizadores comunitarios han sido asesinados en Colombia desde 2016.

Las repetidas violaciones al tratado llevaron a un sector de las FARC a reanudar la sangrienta guerra civil que lleva décadas contra el gobierno a finales de agosto. Desde que empezara en 1964, el conflicto colombiano ha llevado al asesinato de más de 177.000 civiles por parte del ejército y de los guerrilleros, y es el conflicto armado de más larga duración del Hemisferio Occidental.

A finales de septiembre, estallaron protestas estudiantiles como respuesta a las revelaciones de corrupción dentro de la administración del Distrito Universitario, que implican la malversación de más de 10.400 millones de pesos colombianos (aproximadamente 3 millones de dólares estadounidenses). Cuando el ESMAD reprimió violentamente las protestas, los estudiantes empezaron a organizar protestas semanales y marchas en toda Colombia, enfrentándose repetidamente a la policía.

También en septiembre, la Corte Suprema empezó a tomar declaración a testigos en el juicio a Uribe, a quien se ha acusado de fraude y soborno para encubrir los crímenes pasados de su familia. Habiendo sido destruidos en gran medida los antecedentes de Uribe por este testimonio, su partido ultraderechista Centro Democrático (CD) perdió terreno de manera significativa en las elecciones locales del 27 de octubre.

Manifestante con carteles que dicen “América del Sur despertó” con la bandera de Chile y la de Colombia (fuente: Dylan Baddour, Twitter)

Anunciada primero por los principales sindicatos del país el 4 de octubre, la huelga nacional fue inicialmente ignorada por los medios corporativos. Las protestas primero se centraron en la oposición a los planes del gobierno de un paquete de austeridad para socavar el sistema estatal de jubilaciones Colpensiones, reducir el salario mínimo para los menores, recortar el gasto en educación y bajarles los impuestos a los ricos.

El 5 de noviembre ocurrió un punto de inflexión, cuando se reveló que el Estado había encurbierto el hecho de que un bombardeo militar el 29 de agosto había matado a por lo menos ocho niños en Caquetá, que se decía que era un bastión de las FARC, llevando a la renuncia del ministro de defensa colombiano Guillermo Botero. La revelación de que el ejército colombiano había cometido otro crimen de guerra más contra su propio pueblo motivó que estudiantes y grupos indigenistas se unieran a la convocatoria de la huelga nacional, cambiando la demanda central a la destitución de Duque. Desde entonces, han aflorado informes según los cuales hasta 18 niños fueron asesinados, más del doble de lo que reconoció el gobierno, lo que avivó aún más las tensiones sociales.

La participación masiva en la huelga nacional en Colombia ha revelado la determinación de la clase trabajadora colombiana a organizar la lucha contra el gobierno y los intereses capitalistas que defiende. Para los sindicatos y los opositores burgueses “izquierdistas” de Duque, sin embargo, la acción es una manera de aliviar tensiones, quedando limitada la huelga a una protesta de un día.

Es más, las políticas nacionalistas de estas fuerzas inevitablemente llevan a la clase trabajadora a un callejón sin salida político, mientras allanan el camino a derrotas sangrientas.

La burguesía nacional, que representan Duque y todos los partidos políticos existentes en Colombia, están atados al imperialismo estadounidense y mundial por mil hilos. El capitalismo está en un estado de crisis a nivel mundial, y los políticos burgueses son incapaces de ofrecer ninguna reforma.

En oposición el programa nacional reformista planteado por los diferentes liberales, sindicatos y partidos pseudoizquierdistas, los trabajadores colombianos deben dirigirse a sus aliados en la clase trabajadora internacional y luchar por forjar lazos con trabajadores en todo el continente americano y en todo el mundo. Llevar adelante su lucha requiere la construcción de un partido socialista genuinamente revolucionario en Colombia, como sección del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Publicado originalmente en inglés el 22 de noviembre de 2019)