Atlantique: la cruel fortuna de la juventud africana

por Joanne Laurier
5 diciembre 2019

Los cineastas actuales tratan de encarar duras realidades de distinta forma. En verdad, los artistas sufren en carne propia los golpes de la indiferencia y crueldad de las autoridades hacia los refugiados y las personas desplazadas. Atlantique (en inglés: Atlantics: A Ghost Love Story), escrita y dirigida por Mati Diop, que fue presentada este septiembre en el Festival Internacional de Cine de Toronto, es una cinta inolvidable e inquietante que representa como fantasmas a jóvenes senegaleses perdidos en el mar por causa de peligrosos viajes a Europa, por razones económicas, y a los que dejan atrás.

La cinta ahora se exhibe en Estados Unidos. Una torre siniestra y ultramoderna domina a Dakar, la capital de Senegal. Al comienzo, el film nos muestra al joven Souliman (Ibrahima Traoré) en una obra de construcción (Traoré también es un obrero de construcción). El joven y sus compañeros van tres meses sin paga. Se quejan con el capataz; “¡hay familias que dependen de nosotros!”, dicen; de nada sirve.

Souleiman ama a la hermosa Ada (Mame Sané), quien está siendo empujada a casarse con el rico Omar, un rufián frío e insensible (“Agarra a Omar, los tiempos son difíciles”, dice su madre oportunista). Souleiman y Ada comparten unos pocos y pasajeros momentos de intimidad. Sin embargo, en busca de alguna manera decente de ganarse el pan, Souleiman se embarca en un pequeño barco hacia la costa de España, a más de 1600 kilómetros de distancia, para nunca regresar… con la misma apariencia.

Atlantique

Cosas extrañas comienzan a ocurrir en Dakar. La cama matrimonial de la casa de Omar se quema en la noche de su boda con Ada. El detective policial que investiga el fuego de repente es afectado por un mal misterioso y debilitante. Toda la policía está controlada por el empresario que se rehusó a pagarles a sus obreros; el hombre rico “nos ha beneficiado mucho”, le recuerda al detective su jefe.

Se da el caso que Souleiman y los otros han regresado, en los cuerpos de las jóvenes de la ciudad. Las muchachas acosan al patrón sobre los sueldos debidos. En una de las escenas más memorables de Atlantique, las poseídas obligan al capitalista culpable a cavar fosas para los ahogados. En verdad, los oprimidos no sólo son oprimidos; tienen también el poder de imponer sus voluntades, una lección “socialmente peligrosa”.

La obra de Diop tiene un particular carácter; por un lado, logra ser precisa y concreta, y que por otro lado es perturbadoramente surreal.

En una entrevista para The World of Reel (página de Internet) dijo que ella quería averiguar “por qué los hombres de mi país deseaban emprender este arduo y peligroso viaje” cruzando el océano. Las únicas causas concluyentes eran puramente económicas. Si fuera por ellos, se quedarían en Dakar para estar con sus familias y amigos”.

En octubre del 2019, la Organización Internacional Para las Migraciones (OIM) informó que el año anterior “la ruta del Mediterráneo occidental —entre África occidental y España— se convirtió en la ruta más frecuente hacia Europa, con 58.000 arribos (comparado con 5.300 en el 2015 y 22.100 en el 2017). Senegal fue una de las principales fuentes de emigrantes, después de Guinea, Mali, Costa de Marfil y Gambia.

Atlantique

“Aunque el 46 por ciento de los emigrantes senegaleses van a otras partes de África occidental, principalmente Mauritania, Gambia, Costa de Marfil, Mali y Níger, desde el 2016 ha habido un aumento de viajes que zarpan de las costas de Senegal con destino a España”.

Según una reciente investigación de la OIM, la “migración irregular”, como lo llama esa agencia, por la ruta occidental del Mediterráneo “sigue siendo predominantemente un fenómeno de jóvenes masculinos; la edad media es de 31 años. La investigación devela que el 57 por ciento está casado; el 36 por ciento ha ido a la escuela primaria, y el 31 por ciento a colegios islámicos. Más del setenta por ciento tienen ingresos entre los 50.000 y 150.000 FCFA (entre 83 y 250 dólares EUA). La investigación también devela que el 45 por ciento de los que toman esa ruta, anteriormente había hecho al menos otro intento de emigrar”.

Hace un mes la OIM calculó que unos 19.000 emigrantes han muerto o desaparecido en el mar Mediterráneo desde el 3 de octubre del 2013.

En las notas de producción de este filme, Diop (su tío fue el famoso cineasta senegalés Djibril Diop Mambéty) nos cuenta sobre el origen de su película: “Atlantique en una extensión de mi corta cinta Atlantiques (2009), filmada en Dakar. En ese cortometraje, presenté a Serigne, un hombre joven, que les cuenta a sus amigos sobre su cruce marítimo. Era la época de ‘Barcelone ou la Mort’ (¡Barcelona o muerte!), cuando miles de jóvenes zarpaban de la costa senegalesa en busca de un mejor futuro, intentando llegar a España. Muchos perecieron en el mar.

“En el 2012, meses después de la Primavera Árabe, hubo motines en Dakar, una rebelión ciudadana en Senegal, impulsada por el movimiento ‘Y’en a marre’ (¡no aguantamos más!). La mayoría de la juventud senegalesa quería derrocar al [presidente] Abdoulaye Wade, obligarlo a renunciar. Este despertar ciudadano me conmovió porque nos hizo acordarnos, simbólicamente, de que la juventud de Senegal no había desaparecido totalmente… Para mí, no se trataba de los muertos en el mar, por un lado, y las marchas de los jóvenes, por el otro. Los vivos llevaban dentro de sí a los muertos, que se habían llevado algo de nosotros cuando partieron…

“Sentí que una atmósfera fantasma dominaba a Dakar; y me era imposible mirar al océano sin pensar en todos los jóvenes que se habían ahogado”.

Mati Diop

Se le preguntó a Diop que significa “la alta torre que rasca el cielo como un metafórico tótem hermoso, funesto y acongojante”.

Contestó que “la torre [en 3D] en la cinta fue inspirada por un proyecto arquitectónico que Wade y Gadafi [líder de Libia], querían construir, la primera torre solar y la más alta de África. Cuando vi el dibujo de ese proyecto arquitectónico, sentí indignación y fascinación a la misma vez ¿Cómo eran capaces de gastar millones en una torre de lujo en el medio de una desastrosa situación, social y económica? A la misma vez me fascinaba esta torre, una pirámide negra, que me parecía como un trofeo de guerra. Ese proyecto, que nunca se realizó, fue la inspiración de la torre de Atlantique. En la actualidad, una nueva ciudad se está construyendo en las afueras de Dakar, llamada ‘Diamniadio’; filmé allí las escenas iniciales de la película. Es una ciudad diseñada para un estilo de vida adinerada, construida por hombres [los obreros] que nunca podrán vivir allí” Atlantique es una película emocionante y muy recordable.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 22 de noviembre de 2019)