Se intensifican las protestas masivas en Irak y Líbano

por Bill Van Auken
22 enero 2020

Irak y Líbano han sido sacudidos una vez más por las protestas masivas y la represión violenta en condiciones en que los Gobiernos provisionales desacreditados en ambos países no han cumplido ninguna de las demandas sociales y políticas de los cientos de miles que han salido a las calles.

El resurgimiento de las manifestaciones callejeras, que estallaron en ambos países en octubre pasado, siguió a una pausa tras el asesinato del general iraní Qasem Soleimani el 3 de enero por un dron estadounidense en el aeropuerto internacional de Bagdad y las manifestaciones masivas en toda la región contra el crimen de guerra estadounidense.

Un manifestante herido recibe primeros auxilios durante los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en el centro de Bagdad, Irak, el lunes (AP Photo – Khalid Mohammed)

Se informó que al menos cinco manifestantes murieron en el curso de las protestas en Bagdad y otras ciudades el lunes cuando las fuerzas de seguridad dispararon balas reales contra la multitud. En Bagdad, tres personas murieron por las heridas sufridas en las protestas, dos por disparos y un tercero que fue derribado por una granada de gases lacrimógenos disparada directamente a su cabeza. La policía mató a tiros a un cuarto manifestante en la ciudad iraquí central de Karbala, al suroeste de Bagdad, y un quinto fue asesinado en la ciudad nororiental de Baqubah.

También se informó que dos policías murieron en la ciudad sureña de Basora, el centro de la industria petrolera del país, cuando un conductor en pánico que intentaba huir de la escena de una confrontación violenta los atropelló.

La brutal represión de las manifestaciones iraquíes ha visto más de 500 muertos desde el 1 de octubre y otros 25.000 heridos.

A partir del domingo y hasta el lunes, los manifestantes intentaron bloquear las principales carreteras y puentes en Bagdad y el sur del país con barricadas y neumáticos en llamas.

"Bloqueamos el camino para exigir nuestros derechos ... los derechos de los jóvenes para conseguir un trabajo", dijo a Al Jazeera uno de los manifestantes en la capital iraquí.

Otro manifestante denunció la represión violenta y dijo a la agencia de noticias: “Durante meses, nadie escuchó nuestras demandas. Nos están matando. Es un puro derramamiento de sangre".

El Gobierno, encabezado por el primer ministro Adel Abdul Mahdi, quien renunció hace dos meses pero se ha mantenido como mandatario provisional ya que el Parlamento iraquí aún no puede elegir un sucesor, ha tomado una línea dura contra las nuevas protestas, describiendo a los que bloqueen carreteras como "forajidos". El portavoz del comandante de las fuerzas armadas iraquíes, Adel Karim Khalaf, dijo que las fuerzas de seguridad tenían" autoridad absoluta "para reprimir tales protestas”.

Las manifestaciones masivas de Irak surgieron de acciones dispersas anteriores por parte de graduados universitarios que protestaban por la falta de empleos en condiciones de una tasa de desempleo de más del 25 por ciento para los trabajadores más jóvenes. La represión de las protestas iniciales condujo a su proliferación en forma de un levantamiento generalizado contra las condiciones de pobreza, el colapso de los servicios sociales esenciales y la corrupción endémica en el régimen sectario creado por la ocupación militar estadounidense que comenzó con la invasión criminal estadounidense de 2003.

La ira popular ha sido impulsada por la evidente desigualdad social en un país que cuenta con las terceras mayores exportaciones de petróleo, generando más de $1 billón en ingresos desde 2005. Estos vastos recursos han llegado a las arcas de las corporaciones y bancos extranjeros, junto con la oligarquía políticamente conectada de Bagdad, mientras que siete millones de los 38 millones de iraquíes viven por debajo de la línea de pobreza, y el 53 por ciento son vulnerables a la inseguridad alimentaria.

Un conjunto de contradicciones sociales y políticas similares ha motivado las protestas masivas en Líbano, donde también resurgieron durante el fin de semana. Al menos 540 personas quedaron heridas en enfrentamientos violentos entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad en Beirut durante el fin de semana.

Mientras los medios de comunicación se centraron en un supuesto giro hacia la violencia por parte de los manifestantes, el Gobierno libanés convirtió a Beirut en un campo de batalla, rodeó el edificio del Parlamento con alambre de púas y desplegó tropas de operaciones especiales de élite fuertemente armadas y entrenadas por los EE. UU. Hubo informes de francotiradores desplegados en los tejados y matones del Gobierno arrojando piedras desde los edificios cercanos a las multitudes abajo. Las fuerzas de seguridad dispararon balas de goma y gases lacrimógenos directamente contra los manifestantes. La policía llegó a perseguir a las personas y atacarlas dentro de hospitales y mezquitas.

Las protestas del fin de semana se produjeron en respuesta a un llamado a una "semana de ira" por el incumplimiento del Gobierno de cumplir con cualquiera de las demandas de los manifestantes o de crear un reemplazo aceptable al régimen encabezado por el primer ministro Saad Hariri, un títere político de Arabia Saudita, que renunció el año pasado ante la oposición de masas.

Las protestas son el deterioro de las condiciones económicas y sociales del país, el cual enfrenta su peor crisis desde el final de la guerra civil de 1975-1990.

Las protestas libanesas han estado acompañadas de ataques contra unos 300 bancos y cajeros automáticos en todo el país. Los bancos se han convertido en el blanco de la ira pública. La gente ha visto cómo sus ahorros quedan destruidos por la reducción del valor de la moneda libanesa a la mitad en los últimos tres meses. Mientras tanto, los bancos han impuesto límites a la cantidad de dinero que los depositantes pueden retirar en un intento por evitar el colapso financiero. Estas restricciones no se aplican a los ricos y políticamente conectados, sino solo a las grandes masas de la población.

Los trabajadores bancarios han permanecido en una huelga extendida, en parte por su propia seguridad.

La devaluación de la libra libanesa ha llevado al alza de los precios de los alimentos importados, junto con la reducción a la mitad de los salarios reales. El salario mínimo del país, que equivalía a $450 por mes, ahora es de apenas $270. El Banco Mundial advirtió que las continuas devaluaciones conducirán al aumento de la porción de la población del Líbano que vive en la pobreza de un tercio a la mitad.

En muchas industrias, los empleadores han dejado de pagar salarios, lo que ha llevado a huelgas. Los hospitales se han quedado sin medicamentos esenciales y la gasolina está siendo racionada.

Las protestas masivas en Líbano estallaron el 17 de octubre del año pasado después de que el Gobierno anunciara un impuesto a las aplicaciones de mensajería populares como WhatsApp. La acción desencadenó una revuelta masiva contra todas las medidas de austeridad impuestas durante el período anterior, junto con las condiciones de pobreza y desempleo crecientes, infraestructura y servicios sociales en ruinas, y corrupción desenfrenada. Al igual que en Irak, la fuerza impulsora detrás de la ira de los manifestantes fue el aumento de la desigualdad social, la característica esencial de la sociedad libanesa.

El último aumento se ha visto impulsado por el anuncio de que el ministro de Asuntos Exteriores saliente del Líbano, Gebran Bassil, asistirá al Foro Económico Mundial de esta semana en Davos, Suiza, para hablar sobre "los disturbios en el mundo árabe". Bassil es el yerno del presidente Michel Aoun. Una petición en línea ha pedido que el Foro cancele su invitación, declarando que no debe ser invitado a "hablar en nombre de una nación que lo ha rechazado y lo acusa de corrupción flagrante".

Al igual que en Irak, una Administración provisional encabezada por el presidente Aoun ha demostrado ser incapaz de armar un nuevo Gobierno desde que Hariri renunció el 29 de octubre. Hezbolá, junto con su socio chiita Amal y otros aliados, tiene una mayoría en el Parlamento y parece listo para conformar un gabinete dirigido por el exministro de educación y profesor de la Universidad Americana de Beirut.

Si bien las manifestaciones han presentado la demanda de un Gobierno de "tecnócratas independientes", el orden burgués, establecido a lo largo de líneas sectarias a raíz de la guerra civil del país, es incapaz de salirse de su piel

Cualquier Gobierno formado por los partidos burgueses existentes en el Líbano tendrá la tarea de implementar rápidamente una agenda amplia de medidas adicionales de austeridad para satisfacer las demandas del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y los principales acreedores del poder a cambio de un "paquete de rescate” de $11 mil millones prometidos en una conferencia internacional el año pasado. La mayor parte de este dinero se destinará a cumplir con las obligaciones de deuda con los bancos internacionales. Ya en 2016, los pagos de intereses sobre la deuda del país consumieron la mitad del presupuesto libanés.

Hezbolá, que está alineado con Irán, inicialmente adoptó una postura hostil hacia las manifestaciones, sugiriendo que Washington, Arabia Saudita e Israel las alimentaron para promover los intereses imperialistas en la región. En varias ocasiones, el movimiento chiita organizó contraprotestas, chocando con los manifestantes.

Sin embargo, más recientemente, Hezbolá ha enviado a sus representantes a reunirse con varios líderes de las protestas, expresando su acuerdo con sus demandas y ofreciéndoles apoyo, sin duda con la esperanza de calmar los disturbios masivos.

Las tensiones sociales tanto en Irak como en Líbano se han exacerbado por el impulso del imperialismo estadounidense para afirmar su hegemonía en la región y hacer retroceder la influencia de Irán mediante sanciones económicas paralizantes y violencia militar criminal. Washington y sus aliados regionales intentan indudablemente manipular estas tensiones para promover sus objetivos regionales. Teherán ha respondido apoyando la represión por parte de los Gobiernos de Irak y Líbano en un intento de defender la influencia de los movimientos sectarios chiitas con los que está aliado.

Los manifestantes iraquíes han expresado hostilidad hacia la perspectiva de que el país se convierta en un campo de batalla para una guerra entre Estados Unidos e Irán. Mientras tanto, Washington ha rechazado la demanda del Gobierno iraquí de que retire a los 5.000 a 6.000 soldados estadounidenses que están desplegados en Irak.

Tanto en Irak como en Líbano, las protestas populares han expresado un rechazo masivo de la política sectaria, dejando en claro que en ambos países, como en todo el mundo, la línea divisoria decisiva es la clase, no la religión, el origen étnico ni la nacionalidad.

Las demandas de las masas de trabajadores y jóvenes libaneses e iraquíes, como las de los trabajadores que se han rebelado por millones en todo el planeta, no pueden resolverse fuera de la lucha por el derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo a escala mundial.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de enero de 2020)