Lavrov recorre América Latina mientras el Pentágono califica a Rusia y China como "actores malignos"

por Bill Van Auken
7 febrero 2020

El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, inició hoy una gira de tres naciones por América Latina, con su primera parada en Cuba, seguida de visitas a México y Venezuela.

La gira se produce inmediatamente después del paso del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, por cuatro antiguas repúblicas soviéticas: Ucrania, Bielorrusia, Kazajstán y Uzbekistán, y una reunión con los ministros de Asuntos Exteriores de cinco estados de Asia Central, incluidos Uzbekistán, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán

Pompeo dedicó la gira a denunciar la influencia de Rusia y China y presionar a los gobiernos anfitriones para que se distanciaran de Moscú y Beijing. Intentó jugar la carta de los "derechos humanos", haciéndose pasar por un defensor de las minorías uigures y kazajas de China. El efecto quedó algo disminuido por la colocación de Kirguistán por parte de Washington en la prohibición de viajar de la administración Trump en medio del viaje.

En respuesta a la intimidación de Pompeo, el ministro de Relaciones Exteriores de Uzbekistán, Abdulaziz Kamilov, emitió una declaración que subraya que a los países de Asia Central "realmente no les gustaría sentir consecuencias políticas desfavorables en relación con cierta competencia en nuestra región entre grandes potencias".

Los recorridos consecutivos en regiones que Washington y Moscú consideran cada uno como "sus propios patios traseros", la frase despectiva empleada por el imperialismo estadounidense para describir las tierras al sur, son un indicio de crecientes tensiones de guerra global.

El foco principal del viaje de Lavrov es Venezuela. Antes de salir de Moscú, el canciller ruso emitió una advertencia directa contra una intervención militar estadounidense para derrocar al gobierno venezolano del presidente Nicolás Maduro. El uso de la fuerza militar contra Venezuela, dijo, "humillará a toda la región, toda América Latina y todo el Caribe". El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia también declaró que tal intervención provocaría una guerra civil.

No está claro si estas advertencias son meramente proforma o si reflejan preocupaciones reales basadas en la inteligencia rusa con respecto a los planes de Washington en Venezuela.

La operación de cambio de régimen montada alrededor de la persona de Juan Guaidó ha resultado ser un fracaso. La figura previamente virtualmente desconocida en el partido derechista Voluntad Popular financiado por los Estados Unidos se autodeclaró "presidente encargado" en enero del año pasado y fue inmediatamente reconocido por Washington como el gobierno "legítimo" de Venezuela.

Sin embargo, ha perdido apoyo constantemente desde su fallido intento de instigar un golpe militar en abril pasado. En las últimas semanas se ha visto reducido a solicitar el apoyo de los multimillonarios reunidos en Davos y de la comunidad de exiliados derechistas en Miami.

La administración Trump ha seguido manteniendo su posición de que "todas las opciones están sobre la mesa" en relación con Venezuela. Una indicación de que la planificación militar para la intervención está en marcha llegó a fines del mes pasado con un ejercicio conjunto organizado por tropas estadounidenses y colombianas. Los paracaidistas de los dos países realizaron un ataque simulado para apoderarse del aeropuerto de otro país, el tipo de operación que se llevaría a cabo en cualquier intervención militar directa para derrocar el gobierno de Maduro.

Lavrov también denunció el castigo de las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela, un bloqueo económico virtual que equivale a un estado de guerra. Rusia ha proporcionado un medio limitado para eludir las sanciones. El gigante energético ruso estatal Rosneft ha actuado como intermediario, comprando petróleo de la compañía petrolera estatal venezolana PDVSA y luego vendiéndolo al mercado mundial. La firma rusa también está proporcionando combustible muy necesario, incluyendo gasolina y diesel, que las refinerías de Venezuela no pueden suministrar. Hasta ahora, Washington no ha apuntado a Rosneft con sanciones por violar el embargo contra Venezuela.

El gobierno nacionalista burgués de Maduro ha indicado en las últimas semanas que se está preparando para privatizar secciones importantes de PDVSA y abrir el petróleo venezolano a una explotación más directa y generalizada por parte de las compañías petroleras transnacionales. Una compañía que estaría en condiciones de obtener ganancias de este cambio es Chevron, que ya posee una gran participación en el proyecto petrolero Petropiar en el cinturón petrolero del Orinoco. El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha renunciado repetidamente a las sanciones para que la compañía pueda continuar sus operaciones lucrativas en Venezuela.

Los trabajadores petroleros en Venezuela han acusado que, en preparación para una privatización más radical, PDVSA está llevando a cabo despidos masivos y jubilaciones anticipadas forzadas.

Las conversaciones de Lavrov en Caracas podrían incluir negociaciones para garantizar los intereses de Rosneft ante la próxima incursión de Chevron, Total y otras transnacionales.

El viaje del canciller ruso también se produce menos de una semana después de que el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM), el almirante Craig Faller, testificara ante el Comité de Servicios Armados del Senado de los Estados Unidos el 30 de enero, describiendo la administración de Maduro como un "gobierno ilegítimo que está destruyendo el tejido de la sociedad" y un "refugio seguro" para los terroristas. Lo clasificó como "la amenaza más directa para la paz y la seguridad en el hemisferio occidental".

Al presentar la "Revisión de la postura" anual de SOUTHCOM, el almirante Faller dejó en claro que el ataque estadounidense a Venezuela estaba vinculado con una visión más amplia de América Latina como un campo de batalla en los conflictos de "gran potencia" entre el imperialismo estadounidense y sus dos rivales con armas nucleares, Rusia y China.

Clasificó a Rusia y China como "actores estatales malignos" que son "parte de un círculo vicioso de amenazas que erosionan deliberadamente la estabilidad y la seguridad en la región".

Faller centró su fuego en China, que acusó de convertirse en el principal inversionista y acreedor de la región, mientras se adelantaba a superar a los EEUU como su principal socio comercial, con un aumento del comercio entre China y América Latina del 19 por ciento en 2019 en comparación con el año anterior. Dijo que 19 países de América Latina y el Caribe se habían unido a la Iniciativa del Cinturó y Ruta de la Seda de Beijing y que 25 de los 31 países de la región albergaban proyectos de infraestructura chinos. También señaló que las empresas chinas Huawei y ZTE tenían proyectos en curso en 16 países y se estaban convirtiendo en la fuerza predominante en el desarrollo de las telecomunicaciones de la región.

Faller le dijo al panel del Senado: "Me hago la pregunta, ¿por qué China querría comprar una isla y cerrar un contrato de arrendamiento de 99 años para la mayor parte de la costa de El Salvador, aquí mismo, a dos horas en avión desde el territorio continental estadounidense? Están tratando de lograr una ventaja posicional aquí mismo en nuestro vecindario. Y eso es alarmante y preocupante para mí y genera una sensación de urgencia con la que miro esta competencia".

Acusó a Rusia de tener "poder proyectado en nuestro vecindario, establecer una huella militar en Venezuela" y usar a Cuba para "recolectar inteligencia muy cerca de Estados Unidos".

Faller se refirió hipócritamente a los disturbios masivos en Chile, Colombia, Ecuador, Honduras y Bolivia como una señal de que "los ciudadanos están ejerciendo derechos democráticos para defender sus constituciones", al mismo tiempo que afirma que Cuba y Rusia eran responsables de "instigar disturbios sociales".

Al final, la estrategia del imperialismo estadounidense y SOUTHCOM en América Latina se basa en el uso de la fuerza militar para apuntalar a los regímenes burgueses asediados por los levantamientos populares contra la desigualdad social y para contrarrestar la erosión de la hegemonía regional de Washington, convirtiendo la región en un campo de batalla en una guerra global contra sus rivales como "grades potencias".

(Publicado originalmente en inglés el 5 de febrero de 2020)