La importancia de la ley habilitante del primer ministro húngaro Orban

por Peter Schwarz
3 abril 2020

El parlamento de Hungría aprobó una ley de emergencia el lunes que le concede al primer ministro Viktor Orban poderes dictatoriales ilimitados. Los críticos de Orban la han tildado de ley habilitante, una referencia a la Ley Habilitante de Alemania del 24 de marzo de 1933, que cimentó la dictadura de Adolfo Hitler y los nazis.

La ley le permite a Orban gobernar por decreto por un período ilimitado de tiempo. Se le permite ignorar las leyes existentes y suspender los derechos de los ciudadanos. Tiene derecho a "suspender la aplicación de leyes específicas por decreto" e "introducir otras medidas extraordinarias para garantizar la seguridad de la vida, la salud, y la seguridad personal y material de los ciudadanos y los negocios".

El parlamento queda de hecho suspendido. No tiene derecho a revisar las medidas de emergencia del gobierno, y no se celebrarán elecciones y referéndums mientras dure la situación de emergencia.

El primer ministro húngaro Viktor Orban (Fuente: Annika Haas/EU2017EE)

La ley amenaza a los críticos del gobierno con castigos draconianos. La difusión de las supuestas noticias falsas se castigará con cinco años de cárcel, y quebrantar las reglas de la cuarentena conlleva una condena máxima de ocho años. Las infracciones criminales se formulan de manera tan vaga que se pueden aplicar a casi cualquier opinión o actividad de oposición.

El gobierno justificó la ley con la necesidad de combatir la pandemia de coronavirus, pero esto es una excusa evidente. Orban está explotando la pandemia para implementar planes dictatoriales que ha estado persiguiendo desde hace un tiempo. Después de regresar al poder hace 10 años, Orban puso al poder judicial y los medios directamente bajo su control y alteró la ley electoral para que su Partido Fidesz obtuviera dos tercios de los escaños en el parlamento con solo el 48 por ciento de los votos. Solo quedaba la fachada de la democracia burguesa, y ahora hasta eso está siendo hecho añicos.

Orban no tiene razones para temer objeción alguna de la Unión Europea, de la cual Hungría forma parte desde 2004. La nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, fue elegida en parte gracias a los votos del Fidesz. El partido de Orban es un destacado miembro del conservador Partido Popular europeo, que también incluye a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Angela Merkel, la Unión Social Cristiana (CSU) y muchos otros partidos representados en gobiernos europeos.

Orban es el pionero que prepara el camino que está siguiendo toda la UE. Si Italia ha demostrado las consecuencias médicas horribles de la pandemia, Hungría revela sus resultados políticos. La élite gobernante es muy consciente de que una explosión social es inevitable y se está preparando para reprimirla brutalmente.

Después de décadas en las que una diminuta minoría se ha estado enriqueciendo a costa de la mayoría, la pandemia del coronavirus es más bien el desencadenante y no la causa de las tensiones sociales explosivas. Millones de personas se están confrontando directamente en su propia experiencia vital con la bancarrota política y moral de un sistema social cuyo único objetivo es enriquecer a los ricos empujando hacia arriba el valor de la bolsa. Aunque los científicos llevan mucho tiempo advirtiendo de una pandemia global, los servicios de sanidad fueron reducidos a mínimos en todas partes. Se descuidaron los preparativos más elementales.

La élite gobernante ahora está respondiendo a la crisis como siempre lo ha hecho: hace llover miles de millones sobre los mercados financieros y las grandes corporaciones, mientras que los trabajadores y pequeños emprendedores se confrontan a la alternativa de morir o bien de hambre o por COVID-19. Aunque el peligro de infección crece día a día y el personal médico en los hospitales y asilos carecen de equipamiento protector básico, el llamamiento de la gran patronal para volver al trabajo suena más fuerte cada día que pasa.

La élite gobernante es bien consciente de que esto será posible solamente mediante despiadadas batallas de clase. Protestas y huelgas de trabajadores obligados a trabajar sin la protección adecuada están en aumento en todo el mundo.

En un comentario de invitado para la revista de noticias alemana Der Spiegel, el político del Partido Democrático Libre Marco Buschmann dejó escapar lo que la clase gobernante piensa de verdad. El paquete de rescate de €750 mil millones aprobado por el parlamento federal de Alemania el 25 de marzo tiene "el objetivo de dar a los ciudadanos y los negocios algo de oxígeno para responder al impacto externo de las crisis del coronavirus", escribió. "Pero el poquitito tiempo que el Estado pueda comprar para la sociedad y los negocios, a pesar de las grandes sumas gastadas, se acabará pronto". Que nadie lo dude: "La gente no aceptará esto durante mucho tiempo. Para decirlo tajantemente: la revolución podría estar en el aire si esto sigue así".

Esta es la razón de las medidas dictatoriales de Hungría. En el país europeo oriental, donde se restauró el capitalismo hace 30 años, las contradicciones sociales son particularmente agudas. Orban personifica el tipo social que se oponía al régimen estalinista, no porque oprimiera a la clase trabajadora, sino porque impedía que los individuos se enriquecieran a costa de los trabajadores. Empezó su carrera política como dirigente de una organización juvenil estalinista en la secundaria, después se transformó en dirigente estudiantil liberal justo antes de la restauración capitalista, y se dirigió cada vez más hacia el nacionalismo y el fascismo mientras crecían las tensiones sociales.

Hoy, los trabajadores húngaros están siendo explotados por corporaciones transnacionales por sueldos de hambre. El coste del trabajo por hora, incluyendo gastos adicionales no salariales, son menos de un tercio de la media europea. El otrora bien equipado sistema sanitario está en ruinas y colapsará en los próximos días si sube el número oficial de casos de coronavirus, que actualmente está en solo 500.

Hace tres años, un periodista de la emisora pública alemana MDR examinó el terrible estado de la sanidad, comentando, "Quien sea lo suficientemente desafortunado para enfermarse en Hungría verá en seguida que el sistema sanitario está infrafinanciado de manera crónica. A menudo los hospitales están en condiciones terribles, hay escasez de personal, y los pacientes tienen que llevar sus propios objetos personales básicos como papel higiénico. Historias de horror salen en los titulares a menudo... Un total de 32.000 muertes se podrían haber evitado en 2014 si el sistema sanitario hubiera estado en mejores condiciones".

Hay que tomar la transición de Hungría hacia una dictadura abierta como una advertencia. Los gobiernos de toda Europa se están preparando para seguir los pasos de Orban. El gobierno alemán, por ejemplo, está planificando un gran despliegue interno del ejército.

El coronavirus exige una respuesta social que es incompatible con el sistema de la ganancia capitalista. La respuesta de los capitalistas a la crisis es la pobreza de las masas, millones de muertos y dictadura. La respuesta de la clase trabajadora es una sociedad socialista, que expropiará a las grandes corporaciones y bancos y utilizará todos los recursos para satisfacer las necesidades sociales.

Esto requiere la construcción de un partido socialista internacional en la clase trabajadora —los Partidos Socialistas por la Igualdad y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

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(Publicado originalmente en inglés el 1 de abril de 2020)