Según se disparan las infecciones en el mundo

Muertes por COVID-19 en Nueva York se duplican en tres días

por Bryan Dyne
6 abril 2020

El número de muertes causadas por COVID-19 en el estado de Nueva York se ha duplicado en los últimos tres días, pasando de 1,550 a más de 3,200, con más de 102,000 casos en todo el estado. Solo la ciudad de Nueva York representa aproximadamente la mitad de estos, con 1,600 muertos y 57,000 casos. El país en su conjunto ahora tiene, al escribir esto, 277,161 casos y 7,392 muertes, incluyendo un récord de 32,284 casos nuevos ayer y 1,321 muertes.

Nueva York es el epicentro de la pandemia de coronavirus en los Estados Unidos y se está convirtiendo rápidamente en el epicentro de la pandemia en todo el mundo. Ahora hay poco menos de 1.1 millones de casos confirmados de la enfermedad a nivel internacional, y hasta ahora menos de una cuarta parte se han recuperado. Se estima que 4 mil millones de personas en todo el mundo están bajo alguna forma de orden de quedarse en casa. Hasta la fecha, más de 56,000 hombres, mujeres y niños de todas las edades han muerto, lo que ubica la tasa de mortalidad promedio actual en 5.4 por ciento.

Otros países con casos crecientes de coronavirus incluyen:

Este fue el contexto en el que el presidente Donald Trump dio otra conferencia de prensa el viernes combinando autoelogios, intimidación de la prensa, obstruccionismo y mentiras descaradas. En comentarios preparados, el cirujano general Jerome Adams declaró que “ahora sabemos que una parte importante de las personas con coronavirus carece de síntomas” y que “pueden transmitir el virus a otros antes de que presenten síntomas”.

¡Qué mentiras tan descaradas! Los expertos de salud en China y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtieron en enero que el nuevo coronavirus se estaba propagando tan rápido porque aquellos que eran contagiosos a menudo no mostraban síntomas por hasta 14 días. Es la razón principal por la que la OMS ha enfatizado durante meses la necesidad de “pruebas, pruebas, pruebas” del virus. Estados Unidos reconoció este hecho en enero cuando comenzaron los períodos de cuarentena de dos semanas para todas las personas que viajaban desde Wuhan, el primer epicentro de la pandemia.

Trump volvió a mostrar su indiferencia criminal hacia el sufrimiento de cientos de miles de personas infectadas en el país a través de su respuesta a una pregunta sobre las solicitudes de los estados y municipios de equipos médicos que se necesitan con urgencia. “No somos un empleado de envíos”, declaró.

Al mismo tiempo, mencionó casualmente que los ejecutivos petroleros con los que se había reunido más temprano en el día, todos multimillonarios, “recibieron la prueba de coronavirus antes de que entraran en la sala”. El propio Trump dijo “me hice la prueba ayer”. Parecía ajeno a la realidad de millones de estadounidenses comunes, incluidos aquellos con síntomas, a quienes se les niega la prueba, mientras que los ricos y bien conectados no tienen problemas para acceder a la prueba.

Una vez más se absolvió de cualquier responsabilidad por la escasez de máscaras, equipos de protección, respiradores y otros suministros médicos críticos, culpando a la Administración Obama. Después de que el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, un exejecutivo farmacéutico y cabildero, afirmara falsamente que “Durante quince años, este país ha realizado un esfuerzo masivo a nivel federal, estatal y local de preparación para una pandemia”, Trump no indicó por qué no se disponía del equipo para salvar vidas y combatir la pandemia. Silenció a un periodista diciendo: “Deberías hablar con la Administración anterior, porque los estantes estaban vacíos”.

Trump culpó a Nueva York por su falta de respiradores y declaró: “Deberían haber tenido más respiradores en ese momento”. A pesar de las advertencias del gobernador Andrew Cuomo y el alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, de que no podrán atender a nuevos pacientes críticos la próxima semana, Trump dijo: “Creemos que Cuomo tiene una buena provisión de respiradores”.

Mientras tanto, el despliegue tan publicitado de hospitales de campo y navales en la ciudad de Nueva York ha demostrado ser un engaño cruel. El barco hospitalario Comfort, que ha estado atracado en el puerto de la ciudad durante una semana, solo ha recibido apenas 20 de un potencial de 1,000 pacientes.

Deborah Birx, la coordinadora del Grupo de Trabajo sobre el coronavirus continuó las apologías, declarando que solo “cuando superemos esto” se puede “pregunta sobre si pudimos haber hecho algo mejor de esto”.

Esta es una posición bipartidista. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, anunció el jueves que estaba estableciendo un comité bipartidista para monitorear la respuesta federal a la crisis del COVID-19. Pero enfatizó que su mandato sería supervisar el “aquí y ahora” y no ser “retrospectivo”, es decir, que los demócratas se opondrían a cualquier investigación seria sobre la respuesta criminal negligente del Gobierno al virus.

Ningún miembro de la élite política ni de los medios de comunicación mencionó a los trabajadores que mueren después de ser obligados a permanecer en el trabajo sin el equipo de protección adecuado. Hasta ahora, cinco trabajadores de Ford y ocho de Fiat Chrysler han muerto después de haber estado expuestos al virus en el trabajo. Los trabajadores de Instacart, Amazon y Whole Foods han realizado huelgas para exigir que las corporaciones se aseguren de su seguridad. Las dos últimas empresas son propiedad del multimillonario Jeff Bezos.

Si bien Nueva York es la más afectada, muchas otras regiones del país enfrentan una situación igualmente catastrófica. Nueva Jersey, Michigan, California, Massachusetts, Louisiana y Florida tienen al menos 10.000 casos y al menos 170 muertes. Ciudades como Chicago, Detroit, Seattle y Nueva Orleans están particularmente inundadas. Sus sistemas de atención médica probablemente le siguen los pasos a una semana del colapso en la ciudad de Nueva York.

Una de las muchas razones por las que estas y otras áreas no pueden hacer frente a la crisis es el aumento generalizado y masivo de los precios de los suministros médicos básicos. Los guantes se venden a cuatro veces el precio normal, mientras que las mascarillas hasta 15 veces. Los hospitales en el estado de Nueva York, propiedad de Arnot Health, informan que Blank Industries ha tratado de obligarlos a comprar mascarillas N95 a $4.92 por unidad, y solo si ordenan un millón a la vez. Tales grandes pedidos de mascarillas antes de la pandemia habrían costado menos de $50.000.

Tal caos y criminalidad son características del capitalismo, que antepone las ganancias a la vida humana.

Con cada día que pasa, se hace cada vez más claro que la clase dominante estadounidense no tiene intención de tomar medidas que eviten que la pandemia se cobrara cientos de miles y potencialmente millones de vidas. Más bien, todos los esfuerzos de la élite política y los partidos controlados por las corporaciones están dedicados a proteger e incluso aumentar la riqueza de la oligarquía financiera, como se vio en el paquete de rescate corporativo de $6 billones aprobado la semana pasada con el apoyo prácticamente unánime de ambos partidos, incluido el senador de Vermont, Bernie Sanders.

Mientras tanto, los empleos de millones de trabajadores están siendo eliminados en lo que se está convirtiendo rápidamente en la depresión económica más profunda desde la Gran Depresión.

Los recursos sociales vitales necesarios para contener esta pandemia y atender a los infectados deben ser confiscados por la clase trabajadora del control de los propietarios capitalistas y transformados en servicios públicos bajo el control democrático de los trabajadores, como parte de una economía socialista con planificación centralizada y basada en la satisfacción de necesidades sociales, no las ganancias privadas.

(Publicado originalmente en inglés el 4 de abril de 2020)

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