Durante evento en Muskegon, Michigan

Trump intensifica amenazas de violencia y dictadura

20 octubre 2020

Durante un mitin de campaña en Muskegon, Michigan, su primera visita al estado desde que 14 miembros de una milicia de derecha fueron arrestados por planear secuestrar y asesinar a la gobernadora demócrata del estado, el presidente Donald Trump intensificó su incitación de violencia contra sus oponentes políticos, así como sus amenazas de permanecer en el poder indefinidamente.

Trump buscó agitar a la audiencia denunciando a la gobernadora Gretchen Whitmer, tan solo 10 días después de que una turba de fascistas fuera arrestada mientras realizaba sus últimos preparativos para asesinarla. “Hagan que su gobernadora abra su estado”, gritó, a pesar de que Whitmer ya permitió que abrieran casi todos los principales negocios, incluyendo las principales plantas automotrices, a pesar del aumento en casos y muertes por coronavirus.

“Supongo que dijeron que la amenazaron, ¿cierto? Y ella me culpa a mí”, dijo Trump, simulando asombro. Cuando la multitud le siguió la corriente y comenzó a cantar, “enciérrenla”, Trump amplió esta exigencia para todos sus oponentes políticos. “Enciérrenlos a todos”, dijo, evidentemente contento.

El presidente Donald Trump durante un mitin de campaña en el aeropuerto del condado de Muskegon, 17 de octubre de 2020 en Norton Shores, Michigan (AP Photo/Alex Brandon)

Luego proclamó su determinación a quedarse en el poder por “cuatro años, ocho años, 12 años, 16”, muchos más que el límite constitucional de dos términos. Se burló de sus críticos en la prensa, afirmando, “De verdad los vuelve locos cuando les dices 12 años más. Luego dicen que es un fascista”. La multitud de varios miles respondió cantando, “12 años más, 12 años más”. Trump añadió, “Ahora la historia en las noticias falsas será, ‘¡Es un fascista!’”.

En realidad, la prensa corporativa se ha rehusado a utilizar la denominación de “fascista” para describir a Trump, a pesar de sus intentos cada vez más abiertos para desarrollar un movimiento armado, violento y antidemocrático en torno a su persona y su familia. Ni sus rivales demócratas en las elecciones del 3 de noviembre, Joe Biden y Kamala Harris, ni los congresistas demócratas en Washington, se han atrevido a utilizar el término, a pesar de que es innegable que esta sea la trayectoria de la campaña de Trump y del Partido Republicano en su conjunto.

La gobernadora Whitmer protestó el lenguaje que Trump empleo durante el mitin en Muskegon, advirtiendo en el programa “Meet the Press” de NBC el domingo: “Es increíblemente inquietante que el presidente de Estados Unidos, 10 días después de un complot para secuestrarme, enjuiciarme y ejecutarme —10 días después de que eso se revelara—, el presidente insiste con lo mismo e inspira e incentiva e incita este tipo de terrorismo nacional”.

Pero los otros dirigentes demócratas y sus simpatizantes en los medios han buscado minimizar la cuestión o evitarla completamente. Cuando la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, apareció el domingo por la mañana en una entrevista con ABC, respondió a una pregunta directa sobre el mitin en Muskegon restándole importancia a la retórica de Trump, llamándola “irresponsable”, pero no mencionó el nombre de Whitmer ni se refirió al complot para matarla. Concluyó que “El mayor antídoto a su veneno es el voto”, ignorando las repetidas sugerencias de Trump de que desafiará el resultado de las elecciones y se aferrará al cargo indefinidamente.

El exvicepresidente Biden tampoco mencionó el plan para asesinar a Whitmer cuando pronunció sin audiencia su discurso de campaña el fin de semana en Durham, Carolina del Norte, el domingo. Si bien mencionó el comentario de Trump después de la marcha neonazi en Charlottesville, Virginia, en 2017, de que había “personas muy buenas” entre los fascistas con antorchas, no sacó ninguna conclusión sobre el curso político actual del presidente. No dijo nada sobre la visita de Trump a Muskegon, en el estado en que más de una docena de matones fascistas puso en práctica la demanda del mandatario de “Liberar Michigan”.

No existe ningún precedente en la vida política estadounidense de un presidente que se comporte de esta manera. Los demócratas realizaron un juicio político contra Trump bajo un pretexto en gran medida inventado que no le interesaba para nada al pueblo estadounidense, derivado de la campaña fraudulenta de los demócratas contra Rusia, pero ni siquiera mueven un dedo cuando el presidente incita a una turba y busca crear un movimiento violento fascistizante.

La semana pasada, durante un cabildo televisado en NBC, Trump pronunció formalmente tan solo una oración y a regañadientes rechazando la supremacía blanca, mientras acogió la conspiración fascistizante QAnon e indicó que compartía su objetivo de combatir la “pedofilia.” El principal argumento de la campaña QAnon es que el Partido Demócrata está controlado por pedófilos satánicos que Trump encarcelará y exterminará en una “tormenta” inminente. En este contexto, el llamado de Trump a “encerrarlos a todos” es escalofriante.

Mientras la prensa estadounidense ha desestimado la campaña de QAnon como los delirios de un sector marginal sin ninguna consecuencia política para la vida política estadounidense, el Washington Post publicó el domingo un perturbador artículo sobre cómo el candidato demócrata para el Congreso en un distrito al noroeste de Georgia fue amenazado violentamente por simpatizantes de su rival republicano, un candidato que apoya abiertamente a QAnon. Nadie en el Partido Demócrata estatal o nacional ha levantado un dedo para defenderlo, abandonó su candidatura y escapó del estado.

En el caso de Michigan, hay amplia evidencia de que aquellos que planearon secuestrar y asesinar a la gobernadora Whitmer contaban con el apoyo de oficiales del Partido Republicano estatal y vínculos con operadores políticos directamente vinculados a la Casa Blanca de Trump. Y, según el fiscal general estatal, este complot es solo “la punta del iceberg” y muchos otros gobernadores demócratas estaban en la mira de grupos similares de conspiradores.

Ni la prensa ni el Partido Demócrata han señalado la conexión entre el plan violento contra Whitmer y los ataques planeados contra el sufragio en los comicios de 2020. Pero cabe notar que, cuando el encargado electoral de Michigan anunció una prohibición a cargas armas de fuego visibles a 30 m de las urnas o lugares donde se estén contando las papeletas enviadas por correo, los oficiales republicanos en Michigan denunciaron inmediatamente la restricción y afirmaron que presentarían una demanda para defender los derechos de la “Segunda Enmienda” de los matones pro-Trump que quieran amenazar a los votantes en distritos mayoritariamente demócratas.

El Partido Socialista por la Igualdad denuncia las amenazas de violencia contra la gobernadora Whitmer y los oficiales del Partido Demócrata. Nos oponemos a la política del Partido Demócrata y la propia Whitmer, pero no somos indiferentes a las amenazas de violencia contra una gobernadora electa que recibió más de 2,2 millones de votos en noviembre de 2018.

Existe un peligro tremendo de violencia fascista y estatal desde los niveles más altos. Tan solo la semana pasada, se reveló que el activista antifascista Michael Reinoehl fue acribillado por un escuadrón de la muerte policial, que no le dio ninguna advertencia y lo asesinó a tiros cuando entraba en su carro en un parqueo de apartamentos en el estado de Washington. La policía estaba actuando como parte de una fuerza de los Alguaciles de EE.UU. bajo órdenes directas de Trump y el fiscal general William Barr.

El impulso hacia la dictadura y la violencia fascista es el producto de las agudas contradicciones sociales en Estados Unidos: la enorme brecha social entre los superricos y el resto de la población, agravada por el impacto de la pandemia de coronavirus. La respuesta de la clase gobernante consiste en guerras en el exterior y la represión en casa. El Partido Demócrata no puede oponerse a esta tendencia porque sus propias políticas están definidas por los mismos intereses de clase.

La única forma en que este peligro se puede combatir es que millones de trabajadores y jóvenes rompan con el Partido Demócrata y formen un movimiento socialista de masas auténtico que una a la clase obrera entera. La histeria antisocialista de Trump y sus partidarios fascistas es una respuesta al crecimiento de la militancia obrera, reflejada actualmente en la resistencia de los trabajadores a ser obligados a volver a lugares de trabajo inseguros y en la oposición de los jóvenes al igualmente letal regreso a las aulas.

Las incitaciones de violencia y atentados fascistas no desparecerán sea cual fuere el resultado de las elecciones. Por el contrario, si Trump es depuesto en la votación del 3 de noviembre —y se le obligara a aceptar el resultado de la votación— él y sus fuerzas tan solo intensificarán sus esfuerzos. Y como lo demuestran los comentarios de Pelosi y Biden, un Gobierno de Biden estaría más preocupado de la resistencia de la clase obrera ante las políticas derechistas de los demócratas que de la amenaza fascista.

Esta realidad subraya el significado de la campaña del Partido Socialista por la Igualdad en las elecciones de 2020. Con dos semanas antes de los comicios, reafirmamos nuestro llamado a los trabajadores y jóvenes a que apoyen a nuestros candidatos, Joseph Kishore para presidente y Norissa Santa Cruz para vicepresidenta, voten por ellos en los estados donde sea posible y escriban sus nombres en todos los otros estados.

Pero la cuestión fundamental es la preparación para las condiciones de crisis que seguirán a las elecciones, independientemente del resultado. La clase obrera necesita construir un movimiento político independiente de masas que luche por políticas socialistas y contra todos los partidos y apologistas de la élite gobernante capitalista y el sistema de lucro. Esto significa unirse y construir el PSI y nuestro movimiento juvenil, los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social.

(Publicado originalmente en inglés el 19 de octubre de 2020)

Patrick Martin

 

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