Pompeo intensifica sus amenazas de guerra contra Irán en viaje a Israel

por Bill Van Auken
21 noviembre 2020

El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, comenzó el miércoles el tramo más importante de su extraordinaria gira internacional de diez días por siete naciones, arribando a Israel inmediatamente después de los provocativos ataques aéreos israelíes contra blancos iraníes en Siria.

Con apenas dos meses antes de la inauguración programada del presidente electo demócrata Joe Biden el 20 de enero, la gira de Pompeo equivale a una conspiración extraconstitucional destinada a preparar una guerra en Oriente Próximo y potencialmente catastrófica para el mundo entero.

El secretario de Estado, Michael R. Pompeo visita el monte Bental y da declaraciones junto al canciller israelí Gabi Ashkenazi en los Altos del Golán, 19 de noviembre de 2020 [Fotografía del Departamento de Estado por Ron Przysucha/Pública]

Tradicionalmente, durante el período de transición entre las elecciones estadounidenses y las inauguraciones presidenciales, la cúpula de política exterior en Washington se dedica a preparar el traspaso del poder, y los funcionarios de la Administración saliente consultan sobre las principales cuestiones políticas con sus reemplazos entrantes.

En este caso, Pompeo inició su gira con una conferencia de prensa en la que respondió a la pregunta de un periodista sobre si habría una “transición fluida” en el Departamento de Estado al declarar que efectivamente habría una “transición fluida hacia una segunda Administración de Trump”.

Desde entonces, ha surgido que el jueves pasado Trump se reunió con su gabinete de seguridad nacional para discutir si podía iniciar una guerra contra Irán bombardeando Natanz, la instalación de enriquecimiento de uranio más grande de Irán, ubicada al sur de la capital, Teherán. Si bien el New York Times informó que los principales asesores de Trump lo disuadieron de tal ataque, un crimen de guerra que podría cobrar la vida de decenas de miles de víctimas y enfermar a cientos de miles más con envenenamiento por radiación, las conspiraciones contra Irán continúan sin dar tregua.

El Washington Post citó a un alto funcionario anónimo que dijo: “No se han dado órdenes ... No hay una amenaza inminente de ataques preventivos contra Irán por sus programas nucleares ni de misiles”. La palabra que quedó en el aire sin pronunciarse fue “todavía”.

Pompeo aterrizó en Israel inmediatamente después de los ataques aéreos en la mañana de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) contra ocho blancos vinculados con Irán en Siria. Damasco informó que habían matado al menos a tres soldados, herido a varios más y causado daños materiales.

Si bien en el pasado las FDI han sido prudentes a la hora de arrogarse la responsabilidad de sus ataques aéreos contra objetivos sirios, se atribuyeron abiertamente el crédito por los últimos ataques, afirmando que se habían lanzado en represalia por el descubrimiento de artefactos explosivos improvisados en la zona de amortiguación que separa los Altos del Golán sirios ocupados por Israel y la propia Siria. Los funcionarios israelíes afirmaron que los dispositivos habían sido colocados por milicianos sirios bajo las instrucciones de los iraníes.

En una demostración de apoyo a la agresión israelí, Pompeo aprovechó el viaje a Israel para convertirse en el primer funcionario estadounidense de alto nivel en visitar los sectores bajo ocupación en Cisjordania y los Altos del Golán. Lo hizo cuando el Gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu anunció planes para una importante expansión del asentamiento sionista en Givat Hamatos en las afueras del sur de Jerusalén. La expansión pondría un muro en Jerusalén Este, designado como una futura capital para cualquier nuevo Estado palestino, desde las ciudades cisjordanas de Belén y Ramallah, clavando un último clavo en el ataúd de la llamada “solución de dos Estados” prevista en la larga e infructuosa serie de planes de “paz” en Oriente Próximo gestionados por Estados Unidos.

A su llegada a Israel, Pompeo anunció otra ronda de sanciones contra Irán, dirigidas contra una organización benéfica vinculada al gobierno, así como a funcionarios de inteligencia y seguridad del Estado.

En un comunicado emitido a los medios de comunicación titulado “La importancia de las sanciones contra Irán”, Pompeo advirtió: “Durante las próximas semanas y meses, impondremos nuevas sanciones a Irán, que involucrarán el uso de nuestras autoridades nucleares, antiterroristas y de derechos humanos, cada una reflejando la amplia gama de comportamientos malignos que continúan emanando del régimen iraní”.

El secretario de Estado de Estados Unidos afirmó que el régimen de sanciones de “máxima presión” de Washington, un bloqueo económico equivalente a un acto de guerra, ha sido “extraordinariamente eficaz”.

Sin embargo, no hay indicios de que las sanciones de Estados Unidos hayan logrado algo más que llevar a millones de iraníes a la pobreza y condiciones de hambre, y causarles la muerte a miles privados de medicamentos vitales. Teherán tiene cada vez más dificultades para importarlos debido a la amenaza general de Washington de sanciones secundarias contra cualquiera que comercie con el país o facilite financieramente dicho comercio. Esta política criminal se ha vuelto aún más “efectiva” en condiciones en las que Irán, como los propios Estados Unidos, está siendo devastado por la pandemia de COVID-19.

El objetivo repetidamente declarado por Pompeo de obligar a Irán a convertirse en un “país normal”, con lo que se refiere a un regreso al tipo de dictadura títere de Estados Unidos que existía antes de 1979 bajo el sha, aún no se ha materializado. Washington tampoco ha logrado alterar significativamente la influencia regional de Irán ni evitar sus lazos económicos, políticos y militares cada vez más estrechos con el principal rival global del imperialismo estadounidense, China.

La Administración de Trump está presentando sus arremetidas de nuevas sanciones como respuesta a presuntos delitos “terroristas” o de “derechos humanos” por parte de Irán. En general, esto se ve como un intento de hacer que sea políticamente costoso para la Administración entrante de Biden rescindir las medidas, ya que se enfrentaría a acusaciones de que está fomentando el terrorismo y las violaciones de los derechos humanos.

La sabiduría convencional dentro de los círculos de política exterior de EE. UU. y los medios corporativos es que, al igual que Netanyahu en Cisjordania, la Administración de Trump busca “hechos sobre el terreno” que hagan difícil, si no imposible, que una Administración entrante de Biden cumpla su promesa de campaña de volver a unirse al acuerdo nuclear iraní de 2015 que la Administración de Trump derogó unilateralmente en 2018. Biden y los demócratas han vinculado esta promesa a la demanda de imponer más concesiones contra Teherán, al tiempo que juraron su “compromiso férreo con la seguridad de Israel”.

Sin embargo, puede haber otro motivo mucho más amenazante detrás de la actividad sumamente inusual del secretario de Estado en transición. Es decir, Pompeo está llevando a cabo la parte exterior de la conspiración abierta de Trump y sus partidarios para revocar los resultados de las elecciones del 3 de noviembre y establecer una dictadura presidencial.

Washington está presionando a Irán en varios frentes de una manera que sugiere la preparación y la provocación de una confrontación militar. Esto implica no solo la escalada de sanciones y ataques aéreos por parte de Israel, sino también una serie de ciberataques y sabotajes, el último de los cuales estuvo dirigido a la compañía nacional de gas iraní, con el aparente objetivo de quitarles a los iraníes su calefacción cuando llegan los meses de invierno.

La semana pasada, el Pentágono reubicó un escuadrón de caza F-16 de Alemania a la base aérea de Al-Dhafra en Abu Dhabi, mientras que el grupo de ataque del portaaviones Nimitz de la Armada de los Estados Unidos sigue desplegado en el golfo Pérsico.

Tanto Trump como Pompeo han señalado que la muerte de un solo estadounidense causada por una milicia conectada con Irán puede proporcionar el casus belli para un ataque estadounidense. El alto funcionario estadounidense que aseguró al Washington Post que no existían planes “inminentes” para un ataque contra las instalaciones nucleares de Irán agregó que Trump había sido “extraordinariamente contundente” al insistir en que “si los iraníes matan a los estadounidenses, la respuesta estadounidense será rápida, eficaz y dolorosa”.

La Administración de Trump llevó a la región al borde de una guerra total con el asesinato con drones del general Qasem Soleimani, uno de los principales funcionarios de Irán, junto con Abu Mahdi al-Muhandis, uno de los principales líderes del Comité de Movilización Popular, la coalición de milicias predominantemente chiítas que se han incorporado al ejército iraquí.

La menor provocación puede servir como pretexto para lanzar una guerra de Estados Unidos contra Irán entre ahora y el 20 de enero, día de la inauguración de Estados Unidos. Irán ha prometido que tomará represalias contra tal ataque, con las 35.000 tropas estacionadas en múltiples bases estadounidenses que rodean Irán en la mira.

Las bajas masivas en Estados Unidos resultantes de una confrontación militar provocada deliberadamente podrían proporcionar a la Casa Blanca de Trump el pretexto para anular la transferencia de poder e imponer la ley marcial.

Trump ha llevado a cabo una purga de altos funcionarios en el Pentágono, comenzando con el exsecretario de Defensa Mark Esper. Esper, cabildero de la industria armamentista y subordinado a Trump, provocó la ira del presidente por su oposición tanto a una guerra contra Irán como al intento de Trump de invocar la Ley de Insurrección y enviar tropas a las calles para reprimir las manifestaciones contra la violencia policial el verano pasado.

El sustituto de Esper, Christopher Miller, coronel retirado y operador de las fuerzas especiales por 30 años anunció el miércoles lo que es, nuevamente, un cambio extraordinario en la política de un jefe del Pentágono que supuestamente entregará su cargo en apenas dos meses. Le otorgó al Comando de Operaciones Especiales una designación que equivale a nueva rama de las fuerzas armadas, a la par del Ejército o la Armada, que responde directamente al secretario de Defensa.

La cadena de mando de las fuerzas especiales de Estados Unidos pasará ahora a Miller de su recién nombrado jefe civil, Ezra Cohen-Watnick, un ideólogo de extrema derecha de 34 años, que fue llevado al Consejo de Seguridad Nacional por el depuesto e imputado exasesor de seguridad nacional, el general Michael Flynn, sobre la base de sus conexiones con Steve Bannon y Jared Kushner.

Trump se ha ganado el favor de las fuerzas de operaciones especiales del ejército, incluso a través de su intervención muy publicitada a favor del ex Navy Seal Edward Gallagher, quien fue acusado de crímenes de guerra en Irak.

(Publicado originalmente en inglés el 20 de noviembre de 2020)

 

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